Mostrando entradas con la etiqueta contaminación ambiental. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta contaminación ambiental. Mostrar todas las entradas

martes, 24 de enero de 2012

PLASTIFICACIÓN DE LOS OCÉANOS. LAVADORAS Y PRENDAS SINTÉTICAS

El uso de prendas sintéticas ha colaborado a la contaminación plástica en los océanos del mundo: algunos de los plásticos recogidos provienen directamente de nuestras lavadoras: “aguas residuales contaminadas por las fibras de las prendas que lavamos”. Estas fibras corresponden a los plásticos utilizados como materia prima para la confección de la ropa que usamos: acrílico, polietileno, poliamida y poliéster.

Estos datos fueron publicados en un nota de Environmental Science & Technology, quienes también, a través de experimentos prácticos que analizaban las aguas residuales procedentes de las lavadoras domésticas han demostrado que una simple prenda puede producir 1900 fibras micro-plásticas por lavado.

Según el New York Times: “Examinando las aguas residuales procedentes de lavadoras, descubrieron que 1900 fibras pueden desprenderse de una única prenda durante un ciclo de lavado y  que esas fibras tienen el aspecto de restos micro-plásticos en las costas. A medida que la población humana crece, es probable que el problema también aumente".

Pensemos en cómo estos restos van a afectar a los hábitats naturales, a los animales marinos y cómo van a se incorporados en la cadena alimenticia volviendo de nuevo a quienes originaron el problema, el ser humano.

viernes, 3 de junio de 2011

Avatar en la India: una montaña sagrada explotada para extraer aluminio

Por Alba Cànovas

Todos conocemos que hemos alcanzado ya el cenit del petróleo, pero lo que muchos desconocen es que el final de las reservas de otras materias minerales está sufriendo la misma suerte. Nos quedan, por ejemplo, 12 años de terbio, 17 años de oro y cinc, 31 años de cobre y 79 años de hierro, -según expuso Gauthier Chapelle en el pasado Congreso Bioneers Global del 2010-. Hace falta que hagamos el tránsito hacia otros materiales. Si ya hemos superado la era industrial, porqué continuamos dependiendo de sus materiales?

Otro tema es como afecta a la Biosfera, lugar donde vivimos, la extracción de estos materiales.
El aluminio es uno de los materiales que usamos cotidianamente: lámina para envolver alimentos, latas de refrescos y conservas, utensilios de cocina, bicicletas, carrocerías de automóviles,... Pudimos ver en octubre del 2010, la catástrofe ecológica ocurrida en Hungría y provocada por el derrame de lodos tóxicos tras la rotura de una de las balsa de contención de residuos del proceso de obtención del aluminio.



Debemos replantearnos nuestros hábitos de consumo y empezar a utilizar alternativas más saludables para nuestro cuerpo y más respetuosas con nuestra casa, la biosfera.
Podemos llevar el bocadillo en envoltorios reutilizables o en un envase, consumir bebidas en botella de vidrio y si puede ser que sean saludables, que nuestras ventanas sean de madera certificada FSC, y pensar sobre si realmente necesitamos un vehículo nuevo.
Haz en ti el cambio que quieres ver en el mundo.

En el video:
En la India, un pueblo lucha para proteger la montaña sagrada donde han vivido durante generaciones y que ahora peligra por la explotación de la mismas para extraer bauxita, materia prima para obtener aluminio.



miércoles, 1 de junio de 2011

CONGRESO DE BIOARQUITECTURA. CÓMO NOS AFECTAN LOS EDIFICIOS QUE HABITAMOS

Tóxicos que esconden los materiales constructivos, los muebles, las pinturas, detergentes o ambientadores que gastamos; hongos por humedad y falta de luz o ventilación, radiaciones naturales, como el radón, y artificiales, como las provenientes de la red eléctrica, transformadores o los propios sistemas, como el wifi, de los que nos dotamos para hacernos la vida más cómoda ... Los edificios que habitamos esconden trampas, en ocasiones mortales, tener conciencia de ello puede ayudarnos a crear ambientes realmente saludables para nuestras familias ....

De eso ha tratado el Congreso de Bioarquitectura que se celebra estos días en el Colegio de Arquitectos de Cataluña ha reunido a un buen puñado de expertos para exponer la relación entre arquitectura, clima y salud, y para explicar que hay maneras de construir que permiten vivir mejor.
El sector, muy afectado por la crisis económica, prevé que los próximos años deberá centrarse más en la rehabilitación de edificios ya existentes que en la obra nueva. Y aquí la aplicación de criterios de ahorro y eficiencia energéticos se presentan como una nueva oportunidad, tanto de negocio como de mejora de las condiciones de las viviendas actuales que, en este sentido y según Joan Josep Escobar, del Instituto Catalán de la Energía, presentan "un estado muy precario en términos generales".
No hay duda de que la arquitectura incide en el clima y en la calidad ambiental. Un ejemplo es el efecto albedo, tal y como recordó Josep Enric Llebot, secretario de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la Generalidad de Cataluña durante la inauguración: la reflectividad de los rayos solares sobre las cubiertas de los edificios influye directamente en la temperatura. Se calcula que si se pintaran de blanco todos los tejados de la ciudad de Barcelona, la temperatura de la ciudad disminuiría más de un grado. Otro ejemplo sería el diseño del trazado de una ciudad que facilite, o no, la ventilación y la dispersión de sustancias contaminantes.

Además, buena parte del consumo energético y de las emisiones de CO2 proviene de los edificios, tanto residenciales como de oficinas, fábricas o centros comerciales. Pero además de la instalación de placas solares o la recuperación de aguas pluviales, la bioarquitectura va mucho más allá y se plantea los efectos nocivos que las edificaciones pueden tener sobre las personas, y como minimizarlos.

El aire interior, más contaminado que el exterior
El aire del interior de los edificios puede tener de dos a cinco veces más concentración de elementos contaminantes que el del exterior, tanto en las casas como en oficinas o escuelas. Y nuestro estilo de vida actual hace que pasemos más de un 80% del tiempo en estos espacios, según los datos aportados por la bióloga especializada en salud y hábitat Isabel Silvestre.



Este aire contiene bacterias y hongos como la legionela, pero también compuestos orgánicos volátiles y persistentes, elementos químicos y radiaciones que hacen que, en conjunto, se hable de edificios 'enfermos'. Durante años, a menudo se ha edificado sin tener en cuenta si los materiales empleados podían tener efectos sobre la salud, y en 1984 la Organización Mundial de la Salud ya afirmó que uno de cada tres edificios del planeta nos pueden estar perjudicando. Los efectos son variados y de diferente intensidad, desde irritaciones oculares o de las vías respiratorias a malestar general, somnolencia o insomnio. Pero también enfermedades más graves, como la lipoatrofia circular relacionada con las corrientes eléctricas, o el cáncer. Y se calcula que un 10% de los cánceres de pulmón se originan por la calidad del aire del interior de las viviendas.

Además del aire, factores como la temperatura, la humedad, la luz solar, la ventilación, los productos tóxicos o la vegetación tienen influencia sobre la salud de las personas que habitan los edificios. El caso de la luz solar es especialmente importante, tal y como dijo el doctor Josep Martí, del Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS): es necesario que el sol penetre en las viviendas y los puestos de trabajo para evitar la falta de vitamina D que, entre otros, es clave en la prevención de la osteoporosis. La ventilación tiene también un papel fundamental para no sólo de renovar el aire, sino de eliminar las cargas eléctricas que se acumulan.

Tóxicos y radiaciones, siempre fuente de debate
Vivimos rodeados de un mar de sustancias tóxicas y de campos electromagnéticos. Y los efectos de unos y otros siempre parecen generar discrepancias incluso dentro de la propia comunidad científica.

En el caso de los productos tóxicos, presentes tanto en los materiales de construcción y los muebles como los productos de limpieza o los ambientadores, el problema es que se autoriza la comercialización sin haberlos testado adecuadamente, y es sólo a posteriori y cuando se demuestra que tienen efectos nocivos que se puede luchar para que se retiren. El caso del amianto es muy ilustrativo: pasaron décadas desde que se descubrió su toxicidad hasta que finalmente se prohibió no hace todavía diez años.

Especialmente preocupantes son los efectos de las radiaciones, de las que continuamente se presentan estudios que, como la OMS, niegan que tengan influencia negativa y que según el biólogo Manuel Portolés, a menudo están financiados por empresas del sector. Las investigaciones que ha hecho con su equipo muestran las consecuencias de vivir cerca de las antenas de telefonía móvil: fatigas, vértigos, alteraciones del sueño y de la memoria ... Portolés vaticina además que en los próximos años sabremos también más cosas sobre otras redes inalámbricas, como las wifi, que el Consejo de Europa ya se está planteando prohibir en las escuelas.


También se ha expuesto la importancia de las radiaciones geológicas, y la necesidad de estudiar las energías que emanan del suelo, especialmente allí donde hay fallas o cursos de agua subterráneos, especialmente por la toxicidad del gas radón, a la hora de diseñar un edificio y, sobre todo, los espacios donde se pasan más horas, como los dormitorios y las salas de estar.

Efectos indirectos y en pequeñas dosis
En muchos casos no hay un efecto directo e inmediato entre las causas y las enfermedades que se desencadenan, sino que se trata de mecanismos indirectos de reacción del organismo, muy a menudo por acumulación de pequeñas dosis. Por eso cuestan tanto de probar, pero el médico Pablo Arnold afirma que un edificio 'enfermo' puede afectar al funcionamiento psico-neuro-inmunológico y descontrolar el funcionamiento de todo el organismo, incluidos el sistema digestivo y la función respiratoria, y causar alteraciones en la presión arterial y la temperatura corporal.

Además, hay que tener en cuenta que al hablar de salud no se debe pensar sólo en aspectos físicos, sino también psicológicos, como explicó el experto en bioconstrucción Iñaki Alonso o la arquitecta Petra Jebens-Zirkel, para quien un edificio es mucho más que la suma de sus funcionalidades. La arquitectura nos afecta emocionalmente, y quienes más lo notan son los niños. La luz, los colores y la orientación son factores tan importantes como el uso de materiales locales, naturales y respetuosos.

Toda esta compleja suma de factores es lo que hay que tener en cuenta a la hora de diseñar un edificio, nuevo o para una rehabilitación. Porque existen materiales y técnicas, a menudo inspiradas en la arquitectura tradicional, que permiten crear espacios para habitar con calidad de vida.

De todos estos temas se continuará hablando el año que viene en la conferencia BAM, Bioarquitectura Mediterránea, que tiene un planteamiento participativo y abierto a muchos públicos que ya pueden colaborar desde la web.



Fuente: Anna Boluda
Sostenible.cat