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lunes, 25 de junio de 2012

EXPERTOS ALERTAN DEL AUMENTO PROGRESIVO DE ENFERMEDADES AMBIENTALES

FUENTE: http://www.lavanguardia.com/salud/20120625/54315960998/aumento-enfermedades-ambientales-toxicos.html
LA VANGUARDIA
Salud | 25/06/2012 - 00:17h
Lorena Ferro / Raquel Quelart

El cáncer, la infertilidad o la Sensibilidad Química múltiple son algunas de las patologías que más crecen a causa del abuso de los tóxicos | Afectados piden que se creen unidades específicas para atenderlos | El Parlamento Europeo estudia aceptarla como enfermedad



Cristo Bejarano pasó por un “calvario” hasta ser diagnosticada. Tiene, entre otras patologías, sensibilidad química múltiple (SQM) y vive recluida en su casa sin colonias ni detergentes. Elena Ferrer madruga cada mañana para acercarse al mar a respirar aire puro. Es el único momento del día en que se puede permitir el lujo de estar en el exterior sin mascarilla. Las consultas médicas atienden cada vez más casos como el de Cristo y Elena. La previsión es que la incidencia de este síndrome se incremente en los próximos años si no se toman medidas preventivas. La preocupación ha llegado al Parlamento Europeo a través de una iniciativa, que apoyan varios europarlamentarios, para conseguir que la SQM sea reconocida como enfermedad, tal como ya ha ocurrido en Alemania, Austria, Francia y Luxemburgo. Actualmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera “un síndrome”.

No es un secreto, vivimos rodeados de tóxicos, pero lo que mucha gente desconoce es que productos tan cotidianos, como perfumes, desodorantes y zapatos, en algún grado pueden ser nocivos para la salud, según los expertos. Bisfenol A, ftalatos, retardantes de llama, metales pesados, alquilfenoles, disolventes, forman parte de la larga lista de sustancias que han conseguido llegar a la sangre de la mayoría de los ciudadanos.
 
Este fenómeno ha contribuido a incrementar la tasa de cáncer entre la población y de otras enfermedades ambientales, como asma, alergias y el síndrome de sensibilidad química múltiple. “Prácticamente el 100% de los habitantes de los países occidentales (...) tenemos en nuestros cuerpos concentraciones de numerosos compuestos tóxicos peligrosos como el hexaclorobenceno, el lindano, los PCB’s, y otros muchos”, alerta el Presidente del Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental, Carlos de Prada, que también es autor de los libros La epidemia química (ediciones i) y Anti-tóxico (Espasa).

No hace falta vivir en una ciudad con altos índices de polución o trabajar en una fábrica que contamine, ya que muchos de los compuestos más peligrosos están incorporados en productos que acaban en el hogar. Según explica de Prada, los tóxicos presentes en pinturas, plásticos o pesticidas “van integrándose” en el polvo doméstico y al final “se acaban respirando”. Por otro lado, algunos productos de aseo también pueden contener sustancias nocivas para la salud, como los parabenes –presentes, por ejemplo, en desodorantes y cremas para la piel- o los ftalatos, que pueden tener efectos de alteración hormonal y que se pueden encontrar, incluso, en fragancias, como denuncia este estudio de Greenpeace

Entre los productos más problemáticos están los organofosforados, un grupo de químicos usados como plaguicidas artificiales aplicados para controlar las poblaciones de insectos. Hace una década su uso estaba todavía más extendido que en la actualidad.“Se habían llegado a fumigar panaderías con clientes dentro”, explica el doctor del Hospital Clínic Joaquim Fernández-Solà, especialista en Sensibilidad Química Múltiple. Incluso, ha sucedido en centros sanitarios, como el CAP Tàrraco, donde se intoxicaron en octubre de 2003 diversos trabajadores. “Por suerte, hay una legislación que ha regulado la manera de hacer las desinfecciones, que no se pueden efectuar en presencia de personas”. Aún así, asegura que todavía “hay comercios que fumigan una hora antes de que entren los clientes”.

Las consecuencias de vivir entre tóxicos
Los efectos derivados de esta contaminación no son predecibles por la cantidad asimilada de tóxicos. “Es una lotería”, puntualiza Carlos de Prada. Pero es un factor de riesgo. La contaminación química cotidiana es una de las principales causas del cáncer, enfermedades autoinmunes, alergias, asma, parkinson, problemas cognitivos en niños, diabetes e infertilidad, entre otros problemas. En este sentido, el Institut Marquès publicó un estudio en el 2004 sobre la calidad del esperma de los españoles. El trabajo llegó a la conclusión que un 58% de los jóvenes tiene una calidad anormal por la contaminación industrial. Otros institutos de fertilidad en España han mostrado su inquietud al respecto. Un ejemplo son las declaraciones de Simón Marina, representante del Instituto Cefer, en la presentación de un estudio el 2007. Advirtió que “de seguir al mismo ritmo, en el año 2067 todos los espermatozoides serían inmóviles”.

Pero, ¿es posible evitar las sustancias tóxicas? Carlos de Prada considera que “hay alternativas a casi todo” y que se pueden reducir los factores de riesgo mediante el consumo de productos ecológicos o el uso de productos de limpieza respetuosos con el cuerpo humano. Sin embargo, afirmar que una vida sin tóxicos es posible es casi una utopía. “En muchos casos el tóxico no aparece ni en la etiqueta de los productos”, señala Carlos de Prada. Pero, ¿por qué si un compuesto puede ser nocivo para la salud está a la venta? “Menos de un 1% de las sustancias que el hombre ha producido (…) han sido debidamente estudiadas acerca de sus posibles riesgos”. El efecto cóctel también preocupa a los expertos: “No hay ningún modelo que haya tenido en cuenta el conjunto a la exposición de tóxicos”, comenta Joaquim Fernández-Solà.

El creciente número de afectados por los tóxicos
La sensibilidad química múltiple se inicia en la mayoría de casos por una exposición intensa a una sustancia tóxica, por ejemplo, un pesticida. El organismo reacciona frente al contaminante y al final la persona se ve incapaz de exponerse a ningún producto químico. “Hay un aumento exponencial de casos en los últimos diez años”, afirma Fernández Solà, y añade: “El principal problema es que va en incremento y que no somos conscientes de que se tiene que hacer algo”. Se calcula que un 1% de la población es sensible a productos químicos y que los casos graves serían una decena parte de este porcentaje. 
Cristo Bejarano (Huelva, 1951) tiene fibromialgia, fatiga crónica, electrosensibilidad y sensibilidad química múltiple (SQM) –afección que también padece la mayor de sus cinco hijos. Lleva años conviviendo con SQM pero hace un lustro que prácticamente no sale de casa. No tolera los tóxicos, tiene problemas de riego, se desorienta y se pierde cuando va por la calle y no puede cocinar sola porque puede “hacer cualquier cosa”. Además tiene fotofobia y mira la tele “con gafas de sol”.

Esta onubense, que preside la asociación Altea, no convive con ningún producto químico –en su casa no hay y su familia y visitantes no pueden usar, por ejemplo, colonia-.  Consume únicamente comida biológica y 15 días al mes se ve obligada a ausentarse a una casa de la sierra y vivir separada de sus familiares. Y la distancia con parte de la familia es enorme: “Dos hermanos no me hablan porque no entienden lo que me pasa”. Tampoco comprenden que no se pueda hacer cargo de sus padres.

Temor a la operación
Cristo dice haber vivido toda su infancia enferma: “No sabían que me pasaba”. De pequeña sufrió una intoxicación por hierro y más tarde fue diagnosticada de asma por alergia, pero se daba cuenta que cuando vivía rodeada de plantas y flores era cuando mejor se encontraba. Asegura haber sufrido un auténtico “calvario” hasta conseguir ser diagnosticada. Pero sus dificultades no acaban ahí. Sus problemas con la vesícula la obligan a pasar por el quirófano, pero la operación se ha pospuesto dos veces. “Los médicos están asustados”, afirma Bejarano. A parte del protocolo hospitalario -alejado de zonas con químicos- que requiere, asegura que los facultativos no saben cómo va a reaccionar Cristo a la anestesia y a otros medicamentos.

Ella, igual que muchas otras afectadas, pide que se incluya la SQM en el nuevo CIE (clasificación internacional de enfermedades). También la barcelonesa Elena Ferrer, cuya historia se relata en el vídeo, cree que los casos de SQM irán a más. Miembro de ASQUIMIEM, Ferrer lleva una vida totalmente alejada de los tóxicos.

Intoxicación en la peluquería
“Me pones delante una prenda lavada con jabón de Marsella y no duro ni dos horas”, asegura María J. Roldán. Es valenciana y aunque se ha criado en Reus vive en Vinarós. Enfermó por contaminación de DDT y tiene los “organofosforados de los tintes” de la peluquería que regentaba en Reus: “Trabajé durante 13 años con mascarilla y guantes”, relata.  Marieta, dice ser una de las primeras diagnosticadas de fibromialgia. También padece Sensibilidad química y fatiga crónica, en todos los casos de forma severa. Pero no está sola en casa: su marido también tiene SQM.

Cuando está en contacto con alguna sustancia que le ha hecho daño –un ambientador o un perfume, por ejemplo- se “desprograma” y se queda “sin fuerza en las piernas”. Por eso son habituales las caídas - y más teniendo en cuenta que ha sufrido dos parálisis completas-. En ocasiones no reconoce a la gente por la calle.
A pesar de todo reivindica que, en la medida de lo posible, las afectadas deben intentar vivir con normalidad. Por lo menos es lo que intenta cada día: “Aunque me encuentre mal hago el esfuerzo de levantarme”. Eso sí, afirma que tiene “controlados” todos los lugares a los que va. Aún así, lamenta no poder ir al teatro o al cine.

Mayor gasto sanitario
Marieta, que se ha movido mucho en el terreno asociativo y es miembro de AFCYSQUIM, se queja del gasto sanitario que supone para las afectadas y de que en este ámbito: “No te atienden, no te informan, no te cuidan y encima te culpan”. También lamenta que no se investigue más este síndrome a pesar de ser “la pandemia del siglo XXI”. En este sentido se posiciona el doctor Joaquim Fernández-Solà, quien atiende a afectados en su consulta privada: “No nos dejan atender estos casos en la seguridad social”. También explica que este tipo de dolencias generan conflictos laborales, por lo que se opta por darle la consideración de “problema psicológico”. Los enfermos se ven obligados a recurrir a la vía judicial. En la actualidad, existen varias sentencias favorables al respecto. 

La unánime reivindicación de todos los afectados por SQM, a parte de una mayor comprensión y consciencia social de los peligros de los tóxicos, es que haya más médicos formados para poder tratar esta dolencia. También piden que se creen unidades específicas con el fin de que todos los afectados puedan ser diagnosticados y tratados. En este sentido, Bejarano recuerda la importancia de diagnosticar cuánto antes para que “con un control ambiental” se pueda evitar que la enfermedad vaya a más y la persona pueda llevar una vida “lo más normal posible”.

domingo, 17 de junio de 2012

LA MALA CALIDAD DEL AIRE EN LAS ESCUELAS DETERIORA LA SALUD DE LOS ALUMNOS


Según la EPA (Environmental Protection Agency) de EEUU,  la calidad del aire interior puede llegar a ser 2.5 veces peor que la del aire exterior. Eso es debido a la cantidad de factores contaminantes introducidos en el interior de los edificios: materiales de construcción: colas, pinturas, adhesivos, tableros aglomerados, tratamientos para madera,… Otros productos que influyen en la mala calidad del aire interior serían los productos de limpieza a menudo muy agresivos, los cuales ya están dando problemas de Sensibilidad Química Múltiple a muchos trabajadores de la limpieza por su exposición directa y continua. La concentración de estas sustancias en el aire se debe a la mala renovación del aire interior, la cual cosa también contribuye al aumento del CO2, disminuyendo la capacidad de concentración. En muchas escuelas de EEUU se desarrollan planes de mejora de la CAI.
Estos factores contaminantes del aire interior producen efectos nocivos en nuestra salud: disruptores endocrinos,  compuestos orgánicos permanentes bioacumulativos, tienen efecto a largo plazo con efectos en la fertilidad y en el sistema inmunológico. Otro de los efectos inmediato es el deterioro de la salud respiratoria.

Un estudio elaborado en Francia relaciona numerosos problemas respiratorios y alergias en niños, como asma y rinitis,  con una mala calidad del aire interior en las aulas de los colegios. Los agentes tóxicos en artículos de decoración, materiales de construcción, productos de mantenimiento y el tráfico urbano serian los principales factores responsables de la mala calidad del aire.

Incremento en casos de asma y rinitis
El estudio, elaborado por el equipo de Epidemiologia de Enfermedades Alérgicas y Respiratorias del Instituto Nacional de la Salud francés, analiza las relaciones entre una deficiente calidad del aire interior (CAI) y la salud respiratoria y alérgica en las escuelas francesas.
El trabajo, que se llevó a cabo en 108 colegios de 6 ciudades francesas, mostró que alrededor de un 30% de los 6590 niños monitorizados están expuestos en las aulas a niveles de polución atmosférica superiores a los valores recomendados por la OMS.
Esta exposición está relacionada con el incremento de casos de asma y rinitis en escolares, especialmente en niños que ya padecen de alergias.
Los niños son más sensibles a los efectos de la contaminación que los adultos y una CAI (calidad del aire interior) deficiente puede ocasionarles problemas de salud a corto y largo plazo como congestión nasal, irritación de ojos y piel, reacciones alérgicas, asma, dolor de cabeza, cansancio, vértigos o náuseas.
 



Los contaminantes
Dado que, en países industrializados, los niños pasan alrededor del 80% de su tiempo en espacios interiores, y una gran parte de este en el colegio, los investigadores analizaron durante un año escolar el aire de 401 aulas y las posibles asociaciones con casos de asma y rinitis desarrollados por los niños que las ocuparon.
Los principales contaminantes atmosféricos analizados fueron las partículas finas, con diámetros inferiores a 2,5 micrómetros, el dióxido de nitrógeno (NO2) y tres aldehídos (formaldehido, acetaldehído y acroleína).
Las partículas finas provienen principalmente de la combustión realizada por automóviles y penetra en las aulas por las ventanas.  Los aldehídos son contaminantes interiores de procedencia diversa como productos de combustión (cigarrillos, cocinas de gas, velas, etc.), materiales de decoración y construcción (parquet, adhesivos para moquetas, papeles pintados, barnices, espumas aislantes, etc.), productos de mantenimiento y limpieza (detergentes, desinfectantes) así como productos utilizados en tratamientos, como insecticidas.
Materiales de construcción nocivos para la salud humana

Resultados del estudio
"La exposición a altas concentraciones de partículas y compuestos orgánicos volátiles está relacionada con un aumento en la prevalencia de signos clínicos de asma y rinitis en niños en edad escolar. Los niños propensos a alergias parecen estar en mayor riesgo", concluye Isabel Annesi-Maesano, directora del estudio.
Los resultados del estudio muestran que los casos de rinitis (en particular rinoconjuntivitis) están significativamente relacionados con altos niveles de formaldehido en las aulas y que un aumento en la prevalencia del asma se observó en las aulas donde había altos niveles de partículas finas, formaldehido y acroleína. La relación entre la mala calidad del aire y el asma casi siempre hace referencia al asma alérgica, como se desprende de las pruebas realizadas.
Según Annesi-Maesano, "la mala calidad del aire en el interior podría llegar a afectar a la salud alérgica y respiratoria de los niños, que pasan un promedio de 8 horas al día en la escuela. Por eso, es importante asegurar una buena calidad del aire en el aula. Esto ayudaría a limitar los riesgos de desarrollar signos clínicos de rinitis y asma. Igualmente es necesario vigilar muy de cerca la exposición de los niños a contaminantes en el hogar y en el aire libre".

Fuente: INSERM

miércoles, 20 de julio de 2011

SENTENCIA JUDICIAL PIONERA: SE RECONOCE LA HIPERSENSIBILIDAD ELECTROMAGNÉTICA CAUSA DE INCAPACIDAD LABORAL

Una auxiliar de la Complutense recibirá la totalidad de su retribución como pensión tras una sentencia pionera 


El síndrome de hipersensibilidad electromagnética y ambiental, que se produce por exposición a ondas como las que utilizan los teléfonos móviles, es una patología aún no reconocida plenamente pero ya es causa de incapacidad permanente al provocar reducciones anatómicas o funcionales a quien lo padece, ya que puedan disminuir o anular su capacidad en el trabajo. Así lo reconoce una sentencia pionera dictada por el Juzgado de lo Social número 24 de Madrid, que ha dado la razón a una trabajadora de la Facultad de Económicas de la Universidad Complutense, que demandaba que la Seguridad Social le otorgase la invalidez permanente y absoluta para todo tipo de trabajo derivado de enfermedad común. La trabajadora recibirá el 100% de la base reguladora de 1.640,80 euros.


Esta sentencia reconoce que las dolencias sufridas por esta mujer, que le fueron diagnosticadas el pasado año, la incapacitan para realizar su labor profesional en la universidad. El fallo, dictado el pasado 24 de mayo por el juez sustituto Juan Manuel Carrillo Sanz, explica que en junio de 2010 el Equipo de Valoración de Incapacidades emitió un informe en el que determinaba que la mujer, de 42 años y que trabajaba como auxiliar de servicios en la universidad desde 1989, sufría síndrome de fatiga crónica, enfermedad celíaca, fibromialgia y síndrome de hipersensibilidad electromagnética y ambiental.



Cabe recurso ante el TSJM
Pese a ello, los médicos no propusieron a la Dirección Provincial del Instituto Nacional de la Seguridad Social en Madrid su incapacidad permanente, al considerar que la paciente no presentaba reducciones anatómicas o funcionales que disminuyeran o anularan su capacidad laboral. El Instituto Nacional de la Seguridad Social concluyó que no se le debía dar la calificación de incapacitada permanente y se le denegó la prestación. La trabajadora recurrió a la Justicia, y tras un juicio celebrado el pasado 23 de mayo el juez le ha dado la razón.
El fallo subraya que ha quedado acreditada la incapacidad de la mujer a poder seguir trabajando tanto por la extensa prueba documental aportada como por la declaración de una perito, que explicó que la enfermedad relatada incapacita para desempeñar actividad laboral y para llevar una vida normal, dada la constante exposición química y electromagnética. La prueba clínica probada es de "identidad suficiente" para impedir a la paciente de forma permanente el desempeño de las fundamentales tareas de su profesión "con adecuado nivel de profesionalidad y rendimiento", dice el fallo. Contra esta resolución cabe recurso de suplicación ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. La Fundación para la Salud Geoambiental considera "muy sensata" la sentencia. El vicepresidente de la fundación ha subrayado que "muchos países europeos reconocen" esta enfermedad. "Esta es la primera vez que se reconoce en España una medida de este estilo, a pesar de que muchos hospitales y expertos reconocen la imposibilidad de trabajar", ha agregado.


Medio millón de afectados en España
En España, cerca de medio millón de personas pueden padecer algún grado de Sensibilidad Química y Ambiental Múltiple (SQM), una patología aún no reconocida plenamente y cuyos enfermos suelen sufrir, además, la incomprensión o escepticismo de muchos médicos que desconocen su existencia. Así lo destacaron los doctores Joaquim Fernández-Solà y Santiago Nogué, del Hospital Clínico de Barcelona, durante la presentación hace unos meses del libro Sensibilidad Química y Ambiental Múltiple, donde se recogen los aspectos generales de la enfermedad, las manifestaciones clínicas, posibles tratamientos o recomendaciones prácticas para los pacientes.
Organismos internacionales como el Consejo de Europa o la Organización Mundial de la Salud, a través de sus recomendaciones, establecen la existencia de la hipersensibilidad electromagnética como un enfermedad que imposibilita la realización de una actividad profesional. Este mal se manifiesta por un contacto prolongado con radiaciones o por encontrarse expuesto a tóxicos ambientales. Sus síntomas aparecen cuando el organismo acumula niveles de radiación excesivo, así el cuerpo reacciona con una hipersensibilidad a esta agresión externa.

martes, 28 de junio de 2011

La Salud de los niños en las escuelas. Calidad del Aire Interior. (CAI)

Los niños son un grupo muy vulnerable ante la contaminación ambiental, pero los espacios en los que pasan la mayor parte del día no están adecuados a ellos. Las escuelas deberían ser una "Zona Blanca", es decir, una zona libre de cualquier contaminante ambiental.  En España encontramos escuelas cerca de líneas de Alta Tensión, casi en su totalidad, y promovido por el gobierno, en todas hay instalada una red WiFi que irradia a niños y profesores continuamente. Hay que mencionar también el uso de productos de limpieza con químicos muy agresivos, fumigaciones esporádicas y sin aviso a las familias,...iluminación deficiente,...

En este artículo podemos comprobar como es un tema de interés internacional, y como hay países en los que se toman medidas oportunas.

 


Por Armando Chamorro, ingeniero.

En la actualidad los niños pasan más del 90% de su tiempo en ambientes interiores, gran parte de ese tiempo es en sus escuelas. En el caso de doble escolaridad suele estar hasta  un 33% del día en ambientes cerrados. Los padres o tutores esperan que el ambiente escolar sea saludable y sustentable, maximizando así el potencial de aprendizaje de cada niño. En realidad, un aprendizaje integral y  efectivo requiere de aulas con características sustentables.
Aquí nos enfrentamos a un interrogante: ¿Las escuelas actuales son sustentables?

¿Qué beneficios acompañan a un estudiante dentro de un aula sustentable? 

Actualmente, se reconoce en todo el mundo los innumerables beneficios de una buena calidad del aire interior en las escuelas. Estudios realizados en EEUU muestran que las calificaciones y los puntajes de los estudiantes aumentan cuando se mejora la calidad de aire interior. Otros estudios demuestran que más de la mitad del personal académico consideraba no trabajar más en el establecimiento debido a la pobre calidad del aire interior, citando como problema principal la humedad, goteras, hongos, el bajo confort térmico y ventilación deficiente.
La responsabilidad de diseñar, construir y operar escuelas debe recaer sobre profesionales capacitados con conocimientos de sustentabilidad edilicia, donde el objetivo principal sea lograr un ambiente que potencie el desarrollo intelectual y minimice los efectos asociados con la baja calidad del aire interior.
Desde el punto de vista de ambientes interiores, se reconoce desde hace muchos años que la buena calidad del aire interior reduce enfermedades, no solo en los niños, sino también en el staff educativo, con la consecuencia directa en la reducción de costos operativos como producto de una disminución en el ausentismo laboral.  Una adecuada calidad de aire interior también disminuye los días de enfermedad en niños. En sus padres, conlleva en forma indirecta a un menor ausentismo laboral incrementando la productividad, sin hijos enfermos en sus casas o las de sus abuelos.

¿Existen normativas internacionales de sustentabilidad en escuelas? 

En la actualidad existen diversas normas internacionales que apuntan a diseñar, construir y operar escuelas en forma sustentable.
En el Reino Unido se ha desarrollado con gran éxito las normas BREEAM (BRE Environmental Assessment Method), un método de evaluación medioambiental de edificios. En el ámbito de operación de edificios existentes se sabe que la herramienta de sustentabilidad edilicia más utilizada en Latinoamérica es LEED (Leadership in Environmental and Energy Design) del US Green Building Council, la cual incluye una certificación específica para centros educativos con varios niveles de reconocimiento tales como edificio "Certificado", con sus siguientes categorías Plata, Oro y Platino. Los puntos claves de la certificación LEED son:
•    la sustentabilidad del sitio donde se encuentra la escuela,
•    el ahorro energético del edifico y sustentabilidad atmosférica,
•    el uso de materiales de construcción e insumos sustentables,
•    la reducción de consumo energético de la escuela,
•    la categorización que es la calidad del medio ambiente interior

Tal vez el punto más importante en la categorización es la calidad del medio ambiente interior, con sus tres componentes, la buena calidad de aire interior, la iluminación natural y una adecuada acústica.

Y bueno, ¿abrimos las ventanas? 

Estudios publicados por la ASHRAE (American Society of Heating Refrigeration and Air Conditioning  Engineering) han demostrado mediante estudios cognitivos que una modesto cambio en la temperatura de aire interior de solo 5 grados C afecta la habilidad de un estudiante a realizar tareas que requieran concentración mental.   Desviaciones de la zona de confort térmico produce los estudiantes una reducción cognitiva, disminución de la atención, focalizando sus energías en una búsqueda por obtener un confort térmico que no existe.
Las variables de confort térmico deben estar satisfechas para obtener el deseado 80% de bienestar en el estudiantado, que durante las clases se encuentran por lo general en una posición sedentaria con un índice metabólico bajo. El confort térmico se obtiene acondicionando el aire interior.
Como pauta primordial, el aire interior en un aula debe estar térmicamente acondicionado. Siendo generalmente las temperaturas adecuadas para un confort térmico durante actividades sedentarias
en el rango de los 20 a los 24 grados Celsius dependiendo de la época del año, la humedad relativa entre el 30 y 65% y sin ráfagas de aire.

En cuanto al aire interior, los estándares de referencia utilizados ampliamente por LEED para el diseño y operación de aire acondicionado y ventilación en escuelas son los de ASHRAE (American Society of Heating Refrigeration and Air Conditioning Engineering), organización sin fines de lucro que cuenta con representación en nuestro país y brinda actualmente apoyo local al IRAM en la normativa de acondicionamiento térmico de edificios.

Dime donde están tus niños y te diré que respiran 

Una adecuada calidad de aire interior conlleva también un acondicionamiento del aire desde la perspectiva de contaminantes. A los efectos de lograr centros educativos sustentables, las guías de LEED requieren que se evalúen los niveles de contaminantes del aire interior y del exterior en una zona inmediata a la escuela. Se ha demostrado que un cambio de localización de una escuela en una cuadra o dos puede ser significativo en la calidad del aire exterior. Por ejemplo, un establecimiento educativo cercano a una autopista puede recibir un gran aporte de contaminantes de tráfico vehicular de óxidos de azufre, nitrógeno, particulado y monóxido de carbono.    La apertura de ventanas para el ingreso de aire exterior, no es siempre lo más deseado, ya que el aire exterior en las grandes urbes, como la Ciudad de Buenos Aires, tiene un alto nivel de particulado (polvo) que debería ser filtrado.
¿Los filtros de aire son suficientes?

Gran parte del particulado en suspensión en las urbes es de escasa dimensión, desde unos pares de micrones a hasta unos cientos. Como referencia un cabello humano mide aproximadamente 100 micrones de espesor. Las partículas de escaso tamaño por lo general ingresan a las vías respiratorias inferiores (bronquios), sin ser filtradas, he de aquí la importancia de que el aire exterior ingrese a los ambientes interiores debidamente filtrado.
Por otro lado, la amplia colonización de palomas en las fachadas de los edificios porteños, implica que la apertura de ventanas tiene  una potencial exposición a hongos que se encuentran en las heces aviares, los que pueden producir infecciones en los niños.
Un control integral de plagas en el programa de mantenimiento edilicio de la escuela debe tener en cuenta este aspecto tal como lo requiere la certificación LEED. Durante las épocas donde las alergias se hacen más propensas, como en el caso de la primavera y otoño, el ingreso de aire exterior no debidamente filtrado aumenta las enfermedades respiratorias. LEED recomienda que el aire suplido a las aulas sea filtrado con filtros MERV 13, previniendo así que un gran porcentaje de aeroalergenos, tales como las esporas de hongos y polen, y otros contaminantes disparadores de asma y alergias floten en el aire interior.
Se debe tener en cuenta, que los sistemas de filtrado de los equipos de aire acondicionado tipo split o de ventana, tienen como función proteger las serpentinas de enfriado a los efectos de que se obtenga un buen intercambio de frío/calor. Por ende la función de dichos filtros no es necesariamente la de mejorar la calidad de aire suplido por el equipo.

La clave: la ventilación 

La ventilación natural debe ser tenida en cuenta, el análisis de que tipo de contaminantes se encuentran cerca de las ventanas, especialmente en pisos bajos es esencial. Por ejemplo, en calles con alto tránsito vehicular, fábricas o establecimientos que emitan gases tóxicos, solventes de pinturas, soldaduras, arenados, etc. Las tomas de aire exterior del aire acondicionado, deben encontrarse en sectores limpios para prevenir que ingresen contaminantes a la escuela.
LEED, basando sus exigencias en los estándares de ASHRAE, permite y fomenta el uso de ventilación natural, siempre y cuando los niveles de contaminantes en el aire no superen los niveles aceptables permitidos y se mantenga un adecuado confort térmico. La alternativa de la ventilación natural requieren que se provea a cada estudiante con una cierta cantidad de aire exterior a los efectos de poder diluir los contaminantes del aire interior (Ej. virus, bacterias, olores). Por ejemplo, un aula de 4 metros por 5 requiere no menos de 800 litros de aire exterior por minuto debidamente acondicionado. Los equipos de tipo Split, si bien pueden llegar a brindar confort térmico, no proveen de aire exterior, resultando su uso en un 100% de recirculación del aire del aula. Más de 40 estudios realizados en EE.UU. durante los años 1960 y 1990 demuestran que la recirculación del aire incrementa las enfermedades respiratorias, el ausentismo y el síndrome del edifico enfermo en establecimientos educativos. Es una obligación educativa tener en cuenta la necesidad imperiosa de que las aulas cuenten con los cambios de aire eficaces.
La adecuada circulación de aire debidamente acondicionado (térmica y medioambientalmente hablando, promueve el bienestar de los ocupantes de la escuela, aumenta la productividad y los reduce costos operativos del establecimiento.

¿Cómo optimizamos los edificios que tenemos? 

En cuanto al mantenimiento y operación de un establecimiento escolar, LEED también requiere que exista un plan de gerenciamiento de la calidad del aire interior, donde se tome en consideración y se prevea la contaminación producida por refacciones edilicias. Un relevamiento del edificio donde se evalúa la existencia de materiales que contengan materiales peligrosos.
En la Argentina, se destaca el amianto o asbestos, cuyas fibras producen cáncer del mesotelio, el cual fue ampliamente utilizado para aislaciones térmicas de calderas y tuberías, en revestimientos, pisos y techos, el plomo cuya ingestión produce Saturnismo, ampliamente utilizado en pinturas, cañerías y soldaduras y el mercurio, cuya ingestión produce efectos tóxicos al cerebro, utilizado en termostatos, y otros censores edilicios.
El plan de gerenciamiento de la calidad de aire debe contar con personal capacitado y asignar las tareas de prevención de condiciones que afecten la calidad del aire interior. Entre ellos de destaca el staff de mantenimiento, limpieza y personal administrativo. Antes de las refacciones, debe evaluarse como se realizan las tareas de demolición y reparación y qué impacto pueden tener sobre las áreas ocupadas, debiéndose segregar la zona de construcción de las ocupadas por educandos y educadores. La segregación debe tener barreras sólidas y se deben aislar el ingreso de personal de obra y sus materiales por zonas ocupadas.
Las exigencias básicas de una buena calidad de aire interior también requieren que los materiales que se utilicen en las refacciones tengan características sustentables, por ejemplo: pinturas con bajo nivel de solvente, exentas de compuestos cancerígenos y que su aplicación no deteriore la calidad del aire interior.

La purga de aire como etapa final en la construcción

Para terminar la refacción, es requisito indispensable el purgado del aire interior en las áreas refaccionadas antes de la ocupación de aire, incluyendo el de los mobiliarios (pupitres, mesas, escritorios, sillas), especialmente si tienen en su composición compuestos cancerígenos como las resinas de urea-formaldehido. Tal purgado debe realizarse a los efectos de que se emitan al aire los compuestos tóxicos antes de que ingresen los estudiantes al aula, fenómeno conocido en inglés como offgassing. LEED prescribe el tiempo y la cantidad de aire inyectada necesaria para un adecuado purgado como así también mediciones de la calidad del aire interior antes de ser ocupado. Los compuestos a medir incluyen en otros el formaldehido, los compuestos volátiles, el particulado, y el monóxido de carbono.
A través de una adecuada medición se constata y se garantiza una adecuada calidad de aire.

¿Cómo prevenimos? 

Buscar soluciones innovadoras que minimicen el impacto medioambiental en las escuelas es un imperativo. La salud de nuestros niños en la Republica Argentina requiere de tal compromiso, la calidad del aire interior debe ser tomada en serio.

Pensando en un viejo refrán y dándole una vuelta de tuerca, hoy podemos asegurar sustentablemente que "LO QUE NO SE VE, SI SE SIENTE". Lo sienten todos los que están en el establecimiento en sus organismos y los que somos partícipes como padres, tíos y familiares. Ver lo que no se ve es tarea de todos. 


El Ing. Chamorro, es especialista en sustentabilidad edilicia, con matricula LEED AP, fue miembro de ASHRAE New York y presidente de ASHRAE Miami. Ha brindado consultaría medioambiental para diversos edificios educativos y administrativos durante dos décadas en EE.UU. y Latinoamérica, entre ellos Columbia University, Rockefeller University of New York, Scholl Board de Broward, Miami-Dade County School District, Florida International University y University of Miami. El Ing. Chamorro reside actualmente en la Argentina y brinda asesoramiento en sustentabilidad LEED a diversas entidades nacionales e internacionales.


FUENTE: www.catalogoarquitectura.com

miércoles, 1 de junio de 2011

CONGRESO DE BIOARQUITECTURA. CÓMO NOS AFECTAN LOS EDIFICIOS QUE HABITAMOS

Tóxicos que esconden los materiales constructivos, los muebles, las pinturas, detergentes o ambientadores que gastamos; hongos por humedad y falta de luz o ventilación, radiaciones naturales, como el radón, y artificiales, como las provenientes de la red eléctrica, transformadores o los propios sistemas, como el wifi, de los que nos dotamos para hacernos la vida más cómoda ... Los edificios que habitamos esconden trampas, en ocasiones mortales, tener conciencia de ello puede ayudarnos a crear ambientes realmente saludables para nuestras familias ....

De eso ha tratado el Congreso de Bioarquitectura que se celebra estos días en el Colegio de Arquitectos de Cataluña ha reunido a un buen puñado de expertos para exponer la relación entre arquitectura, clima y salud, y para explicar que hay maneras de construir que permiten vivir mejor.
El sector, muy afectado por la crisis económica, prevé que los próximos años deberá centrarse más en la rehabilitación de edificios ya existentes que en la obra nueva. Y aquí la aplicación de criterios de ahorro y eficiencia energéticos se presentan como una nueva oportunidad, tanto de negocio como de mejora de las condiciones de las viviendas actuales que, en este sentido y según Joan Josep Escobar, del Instituto Catalán de la Energía, presentan "un estado muy precario en términos generales".
No hay duda de que la arquitectura incide en el clima y en la calidad ambiental. Un ejemplo es el efecto albedo, tal y como recordó Josep Enric Llebot, secretario de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la Generalidad de Cataluña durante la inauguración: la reflectividad de los rayos solares sobre las cubiertas de los edificios influye directamente en la temperatura. Se calcula que si se pintaran de blanco todos los tejados de la ciudad de Barcelona, la temperatura de la ciudad disminuiría más de un grado. Otro ejemplo sería el diseño del trazado de una ciudad que facilite, o no, la ventilación y la dispersión de sustancias contaminantes.

Además, buena parte del consumo energético y de las emisiones de CO2 proviene de los edificios, tanto residenciales como de oficinas, fábricas o centros comerciales. Pero además de la instalación de placas solares o la recuperación de aguas pluviales, la bioarquitectura va mucho más allá y se plantea los efectos nocivos que las edificaciones pueden tener sobre las personas, y como minimizarlos.

El aire interior, más contaminado que el exterior
El aire del interior de los edificios puede tener de dos a cinco veces más concentración de elementos contaminantes que el del exterior, tanto en las casas como en oficinas o escuelas. Y nuestro estilo de vida actual hace que pasemos más de un 80% del tiempo en estos espacios, según los datos aportados por la bióloga especializada en salud y hábitat Isabel Silvestre.



Este aire contiene bacterias y hongos como la legionela, pero también compuestos orgánicos volátiles y persistentes, elementos químicos y radiaciones que hacen que, en conjunto, se hable de edificios 'enfermos'. Durante años, a menudo se ha edificado sin tener en cuenta si los materiales empleados podían tener efectos sobre la salud, y en 1984 la Organización Mundial de la Salud ya afirmó que uno de cada tres edificios del planeta nos pueden estar perjudicando. Los efectos son variados y de diferente intensidad, desde irritaciones oculares o de las vías respiratorias a malestar general, somnolencia o insomnio. Pero también enfermedades más graves, como la lipoatrofia circular relacionada con las corrientes eléctricas, o el cáncer. Y se calcula que un 10% de los cánceres de pulmón se originan por la calidad del aire del interior de las viviendas.

Además del aire, factores como la temperatura, la humedad, la luz solar, la ventilación, los productos tóxicos o la vegetación tienen influencia sobre la salud de las personas que habitan los edificios. El caso de la luz solar es especialmente importante, tal y como dijo el doctor Josep Martí, del Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS): es necesario que el sol penetre en las viviendas y los puestos de trabajo para evitar la falta de vitamina D que, entre otros, es clave en la prevención de la osteoporosis. La ventilación tiene también un papel fundamental para no sólo de renovar el aire, sino de eliminar las cargas eléctricas que se acumulan.

Tóxicos y radiaciones, siempre fuente de debate
Vivimos rodeados de un mar de sustancias tóxicas y de campos electromagnéticos. Y los efectos de unos y otros siempre parecen generar discrepancias incluso dentro de la propia comunidad científica.

En el caso de los productos tóxicos, presentes tanto en los materiales de construcción y los muebles como los productos de limpieza o los ambientadores, el problema es que se autoriza la comercialización sin haberlos testado adecuadamente, y es sólo a posteriori y cuando se demuestra que tienen efectos nocivos que se puede luchar para que se retiren. El caso del amianto es muy ilustrativo: pasaron décadas desde que se descubrió su toxicidad hasta que finalmente se prohibió no hace todavía diez años.

Especialmente preocupantes son los efectos de las radiaciones, de las que continuamente se presentan estudios que, como la OMS, niegan que tengan influencia negativa y que según el biólogo Manuel Portolés, a menudo están financiados por empresas del sector. Las investigaciones que ha hecho con su equipo muestran las consecuencias de vivir cerca de las antenas de telefonía móvil: fatigas, vértigos, alteraciones del sueño y de la memoria ... Portolés vaticina además que en los próximos años sabremos también más cosas sobre otras redes inalámbricas, como las wifi, que el Consejo de Europa ya se está planteando prohibir en las escuelas.


También se ha expuesto la importancia de las radiaciones geológicas, y la necesidad de estudiar las energías que emanan del suelo, especialmente allí donde hay fallas o cursos de agua subterráneos, especialmente por la toxicidad del gas radón, a la hora de diseñar un edificio y, sobre todo, los espacios donde se pasan más horas, como los dormitorios y las salas de estar.

Efectos indirectos y en pequeñas dosis
En muchos casos no hay un efecto directo e inmediato entre las causas y las enfermedades que se desencadenan, sino que se trata de mecanismos indirectos de reacción del organismo, muy a menudo por acumulación de pequeñas dosis. Por eso cuestan tanto de probar, pero el médico Pablo Arnold afirma que un edificio 'enfermo' puede afectar al funcionamiento psico-neuro-inmunológico y descontrolar el funcionamiento de todo el organismo, incluidos el sistema digestivo y la función respiratoria, y causar alteraciones en la presión arterial y la temperatura corporal.

Además, hay que tener en cuenta que al hablar de salud no se debe pensar sólo en aspectos físicos, sino también psicológicos, como explicó el experto en bioconstrucción Iñaki Alonso o la arquitecta Petra Jebens-Zirkel, para quien un edificio es mucho más que la suma de sus funcionalidades. La arquitectura nos afecta emocionalmente, y quienes más lo notan son los niños. La luz, los colores y la orientación son factores tan importantes como el uso de materiales locales, naturales y respetuosos.

Toda esta compleja suma de factores es lo que hay que tener en cuenta a la hora de diseñar un edificio, nuevo o para una rehabilitación. Porque existen materiales y técnicas, a menudo inspiradas en la arquitectura tradicional, que permiten crear espacios para habitar con calidad de vida.

De todos estos temas se continuará hablando el año que viene en la conferencia BAM, Bioarquitectura Mediterránea, que tiene un planteamiento participativo y abierto a muchos públicos que ya pueden colaborar desde la web.



Fuente: Anna Boluda
Sostenible.cat

viernes, 27 de mayo de 2011

EFECTOS SOBRE LA SALUD POR EXPOSICIÓN A CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS

por Alba Cànovas


Cada vez estamos más rodeados de campos electromagnéticos, en los hogares, en los trabajos, en las escuelas,...Todos esos aparatos eléctricos que nos facilitan la vida, crean a nuestro alrededor importantes campos magnéticos y campos eléctricos.

Después de un tiempo de exposición los sistemas que regulan nuestro cuerpo (sistema nervioso, endocrino, neurovegetativo, inmunológico) empiezan a desequilibrarse debido al sobre esfuerzo por intentar compensar estas agresiones externas.
Se empieza a sufrir insomnio (la glándula pineal reduce drásticamente la producción de melatonina), nerviosismo, cansancio, bajada de defensas.
Estos síntomas pueden ir haciéndose crónicos y agravándose, después de una larga exposición se observa una mayor incidencia de enfermedades crónicas, degenerativas y auto inmunes. (Fatiga crónica, fibromialgia, Sensibilidad Química Múltiple, Sensibilidad Electromagnética, cáncer,...).

Hay que tener en cuenta que los efectos de la radiación electromagnética, igual que la radiación ionizante (radioactividad), son bio-acumulativos, se acumulan a lo largo de la vida y que el efecto puede aparecer o persistir al cabo del tiempo de la exposición.

Es importante evitar la exposición a los CEM. Nuestros edificios deben tener una correcta instalación eléctrica bio-compatible, con una toma de tierra que no supere los 6 Ohm, en los dormitorios debemos instalar un desconectador de fase. Evitar el uso de sistemas de comunicación inalámbricos (Wifi, DECT, telefonía móvil, exposición a antenas,...) o hacer un uso razonable, mediante teléfonos de SAR bajo, o fundas apantallantes.

El doctor Fernández-Solà, del Hospital Clínico de Barcelona, nos habla de personas que sufren hipersensibilidad eléctrica.