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domingo, 29 de mayo de 2011

CÓMO LOS RICOS DESTRUYEN EL PLANETA

Cuando Hervé Kempf publicó en Francia el año pasado Cómo los ricos destruyen el planeta , estaba lejos de imaginar la actualidad que adquiriría su alegato en defensa de la ecología. En 12 meses, el recalentamiento del planeta acentuó sequías, inundaciones y turbulencias climáticas.
Se multiplicó el precio del petróleo y de los alimentos, lo que provocó manifestaciones planetarias contra el hambre y la desigualdad social. Después de hacer oídos sordos a esas amenazas durante mucho tiempo, los gobiernos empezaron a reconocer que, en efecto, no le queda mucho tiempo al mundo para encontrar una solución si no quiere sumergirse en el caos. En 2007, Kempf había dicho: “Nos quedan diez años”. “El hombre alcanzó los límites de la biosfera. Vivimos un momento histórico. Nos encontramos realmente en un callejón sin salida”, dijo a adn CULTURA.






Periodista del diario francés Le Monde , especialista en temas ecológicos desde hace más de 20 años, Kempf analiza con cifras y argumentos precisos las razones de esa urgencia. En su libro, que acaba de ser publicado en la Argentina por Libros del Zorzal, denuncia el papel de los ricos en ese proceso de destrucción: “Son ellos quienes crean los modelos que imita el resto del planeta”, afirma. A su juicio, la necesidad de consumo material se transmite de los opulentos hacia abajo hasta llegar a los más pobres de los países más miserables. Kempf no pretende privar a los pobres de la posibilidad de desarrollarse. Para él, es imprescindible regresar a la noción de “bien común”. “Es una cuestión de sentido común. Es necesario regresar a la sobriedad”, dice este parisino afable, de 51 años, que se desplaza en bicicleta y cuyos cinco hijos viven felices en el corazón de la quinta potencia del mundo sin teléfono celular ni televisión.


- Cuando publicó su libro, la ecología estaba lejos de tener la importancia que alcanzó ahora. ¿Usted esperaba esa aceleración brutal de la crisis?


- Sí. Yo sabía que era inminente. Pero lo que más me sorprendió fue la toma de conciencia del aspecto social de la cuestión ecológica que se ha producido. En Francia, la gente, en particular la de izquierda, terminó por entender que la ecología no es una preocupación de burgueses, sino que realmente forma parte de la política; que ya no se puede interpretar el mundo sin la ecología. Por su parte, los ecologistas han comprendido que es imposible pensar la ecología sin tener en cuenta las desigualdades sociales. Es evidente que el encuentro entre la ecología y lo social se está haciendo en forma muy clara.


- ¿Por qué se produce esa conjunción?


- Por la realidad. La gente ve que la crisis no está en el futuro, sino en el presente. El aumento de los precios del petróleo, la crisis alimentaria. Desde la canícula de 2003 en Francia, que provocó 15.000 muertos (cerca de 70.000 en Europa), el continente pasa sin cesar de sequías a inundaciones. China soportó este año las peores tempestades de nieve de los últimos 50 años. En cada lugar del planeta ha ocurrido alguna catástrofe climática. Y lo mismo sucede con las desigualdades sociales. Desde hace tres o cuatro años cada vez hay más manifestaciones de protesta. La gente se está dando cuenta de hasta qué punto el desarrollo del capitalismo en los últimos 30 años se hizo profundizando las desigualdades. No lo sabían. Yo terminé por verlo hace tres o cuatro años. En Francia la gente supo hace poco que los presidentes de las 40 mayores empresas cotizadas en la bolsa se aumentaron sus ingresos en más de 50%, cuando el salario promedio del país no aumentó en el mismo período.


- Usted dice en su libro que los ricos tienen que volver a la mesura. Que “la solución es detener el crecimiento material”. ¿No es un delirio?


- ¿Qué es un delirio? Hay hipermillonarios que quieren comprarse cohetes para ir al espacio y yates de 110 metros de largo. ¿Son ellos los que deliran o deliramos los que decimos: “Hay una crisis ecológica tan profunda que habría que limitar la presión de la sociedad humana sobre el medio ambiente y reducir el consumo”? . Si queremos hacer avanzar las cosas debemos articular la cuestión ecológica a la restructuración de la relación de poder, de la acumulación de riquezas. Yo no digo que los ricos o los empresarios deben desaparecer. Por el contrario, creo que tienen un papel muy importante que desempeñar. Pero hay estudios que muestran que en los años 70 los ejecutivos ganaban 30 veces más que sus empleados. Ahora hemos superado la proporción de 120 por uno. No se trata de denunciar. Pero es necesario decir que hay que volver a una relación social más humana y normal.


- ¿Y eso cómo puede hacerse?


- Políticamente, redescubriendo el bien común.


- Usted es un optimista sin límites.


- No. Después de ese libro di varias conferencias en Francia y me doy cuenta de que hay mucha gente que tiene necesidad de descubrir la política, de cambiar las cosas, de imaginar otro mundo en el cual podrían participar. La gente normal conoce la realidad, mucho más que los hiperricos o los oligarcas, como yo los llamo. Hay dos fenómenos simultáneos. El primero son esos individuos que discuten, proyectan y hacen cosas para ir en una dirección diferente de aquellos que buscan el enriquecimiento desenfrenado o la acumulación de bienes. El segundo es que la gente quiere hacer política. La gente recupera ese bien común. En los años 60 el concepto de bien común estaba -por lo menos en Francia- mucho más presente que ahora. Cuando yo era niño todos los adultos hablaban de política, fueran comunistas o gaullistas . Estos últimos 30 años consiguieron convencernos de que la política no sirve para nada, de que todos los políticos son corruptos. En Francia, la izquierda tiene mucha responsabilidad en esto. En ese proceso hemos perdido la idea del bien común. Ahora, cada individuo piensa que uno es lo que tiene. Si uno tiene un hermoso Mercedes es porque ha trabajado muy bien y se merece un auto mejor que el de los otros.


- En esa crítica durísima que hace de los hiperricos dice que no tienen proyecto de sociedad.


- Efectivamente. No lo tienen. En los años 60, las elites mundiales, sobre todo en Estados Unidos, tenían un proyecto que era el de defender el mundo libre del comunismo soviético. Y tenían razón. La clase dirigente (que entonces llamábamos burguesía) tenía como objetivo no sólo hacer mucho dinero, sino defender Occidente y sus valores. Desde el derrumbe de la Unión Soviética, la clase dominante no tiene proyecto. Lo único que defiende es el crecimiento, la acumulación de bienes y, sobre todo, la preservación de la relación de fuerzas establecidas desde el poder. Cuando uno lee sus libros o sus revistas, es imposible encontrar alguna visión de futuro. Y, si existe, es una visión apocalíptica, que imagina que los más ricos terminarán aislados, protegidos por muros y milicias privadas, frente a las amenazas desencadenas por la crisis ecológica y social. Tenemos una clase dirigente que ha dejado de tener legitimidad. Porque ¿qué confiere legitimidad al poder? La capacidad de proponer a una sociedad una forma de pensar el futuro. No tenemos eso. Lo único que les interesa es acumular para ellos.


- ¿Y la clase política?


- La clase política está al servicio de ese gran capital. Los ejemplos de Berlusconi, Sarkozy y George Bush son claros: Bush es el amigo de todos los hipermillonarios estadounidenses; Sarkozy, el de todas las grandes fortunas francesas, y Berlusconi es un multimillonario que posee infinitas empresas. Actualmente tenemos una clase política que está totalmente engarzada en esa oligarquía económica y que comparte sus valores.


- Usted afirma que, además de carecer de proyecto político, son ignorantes y que, incluso, tratan de llevar el planeta al cataclismo.


- Por lo menos una parte de ellos tiene la tentación de ir hacia el límite aceptable. Mire la forma en que se comportó la presidencia de George Bush, que fue una de las más catastróficas de la historia de Estados Unidos.


- Es verdad que, en Irak, los intereses económicos parecen haber eclipsado cualquier otra consideración.


- Tres señales muestran que una parte de la clase dirigente está dispuesta a todo para mantener su preeminencia frente a las crecientes tensiones sociales y ecológicas que se manifiestan. Primero, la guerra en Irak, que desestabilizó a Medio Oriente y que fue desencadenada gracias a mentiras vergonzosas. En segundo lugar, el hecho de que el número de prisioneros en Estados Unidos aumenta en forma regular desde que Bill Clinton dejó de ser presidente. Hoy, Estados Unidos es el país que encarcela la mayor cantidad de gente en el planeta. Por último, la actitud de la administración Bush cuando se produjo el huracán Katrina en Nueva Orleans: la respuesta fue enviar militares no para ayudar a la gente, sino para encarcelar a aquellos que robaban porque no tenían nada para comer. En Europa, donde generalmente somos mucho más respetuosos de las libertades públicas, hay una multiplicación de las cámaras de videovigilancia, de ficheros informáticos de todo tipo, en nuestros países también aumenta el número de gente encarcelada Esto revela que la oligarquía tiene una propensión a recurrir cada vez más a instrumentos de represión con el objetivo de mantener la estructura social actual.


- Entre paréntesis, ¿por qué utiliza en su libro el término “oligarquía”?


- Porque no soy marxista. No hago un análisis clasista, tipo proletariado por un lado y burguesía por el otro. Creo que la actitud individual es fundamental en esto. Todos los miembros de la oligarquía no son fatalmente depredadores, no todos se comportan como la mayoría de los millonarios. Incluso cuento mucho con la ayuda de una parte de la oligarquía. Con la gente que tiene medios, no necesariamente los hipermillonarios: los abogados, los periodistas, los jefes intermedios de empresa, los altos funcionarios Toda esa gente puede evolucionar para rescatar el bien común. Tengo la esperanza de que los jóvenes que pertenecen a ese sector o se incorporan a él entiendan que el objetivo en la vida no es el de acumular, sino el de ser útil a la sociedad y a la comunidad planetaria.


- ¿Cómo imagina un mundo sin crecimiento?


- No estoy en contra del crecimiento, sino a favor de la reducción del consumo material. Imagino un mundo donde no habría más evasión fiscal de los más ricos. Esa evasión significa varios miles de millones de dólares que están depositados en Liechtenstein, en las islas Caimán, en Guernesey o en otros sitios. Europa tiene una responsabilidad enorme y podría comenzar a hacer un esfuerzo en ese sentido. Se podría recuperar una gran parte de la riqueza colectiva que, por el momento, es robada por esos hiperricos y que volvería a la sociedad. No pretendo la igualdad perfecta, no creo en eso, pero se terminaría todo ese consumo desenfrenado de gastos inútiles; sería el fin de ese modelo cultural de superconsumo que empuja a la gente normal a imitar esas conductas (tener una 4×4, una pantalla extraplana de TV o el último modelo de cualquier cosa). Imagino un mundo donde la parte ahorrada del hiperconsumo serviría para financiar actividades sociales que toda comunidad necesita. En Francia necesitamos educación, salud pública. El mundo necesita otra agricultura, más ecológica, que produzca más y emplee más gente; necesita eficacia energética, con menos derroche; otra política de transporte. Imagino un mundo donde seguiríamos creciendo, pero donde ya no existiría el crecimiento material. Hay que instaurar una actividad económica centrada en la necesidad de la gente, orientada hacia los lazos sociales y el intercambio. Por fin, teniendo en cuenta que soy ciudadano de una gran potencia, quizás estas naciones ricas deberían ser más generosas y utilizar parte de esa enorme riqueza para ayudar a esos países que, por el momento, hemos explotado descaradamente.


- ¿Cómo se les pide a los países emergentes como China o India que dejen de consumir?


- Yo no puedo hacerlo. Por eso me dirijo, sobre todo, a los grandes países del Norte que son los más ricos y los principales contaminadores. Además, son ellos los que definen el modelo cultural que se ha impuesto en el planeta a través de la mundialización. Las clases medias indias tienen ganas de consumir más, de tener autos más potentes, porque miran en la TV cómo viven los estadounidenses y los europeos. Con los rusos sucede lo mismo. Lo que pido a europeos y norteamericanos es que cambien el modelo. En todo caso, China, India o Brasil se están dando cuenta rápidamente de la amplitud de la crisis ecológica. Y ven que en sus países también hay fenómenos de desigualdad, que serán cada vez más insoportables a medida que la crisis se agrave. En esos países hay conflictos sociales que se organizan en torno al control de los elementos esenciales a la supervivencia (agua, propiedad de la tierra). Las contradicciones que hemos descrito a escala mundial, se están manifestando también a nivel nacional en el sur. El crecimiento en esos países no durará mucho tiempo. El crecimiento actual de China y de India (entre el 9 y 10%) no durará mucho. Es demasiado violento, tanto desde el punto de vista ecológico como social. También allí se producirán profundos movimientos de transformación. Sin embargo, a ellos les será menos difícil ir hacia un modelo de sociedad que consuma poco materialmente. Los habitantes de los países ricos padeceremos más ese proceso, porque hemos perdido la costumbre de la sobriedad.


Por Luisa Corradini
Fuente: ADN Cultura

jueves, 24 de marzo de 2011

Las utopías de hoy son las realidades de mañana, Mariano Bueno

 El Mariano Bueno es una persona molt reconeguda en el món de la bioconstrucció i la geobiologia, es un mite. He coincidit amb ell més d'una vegada i és una persona amb una gran Humilitat, no m'extranya dons que en aquesta entrevista doni tanta importància a l' Humus, perque humilitat ve d'humus, i l'Humus és l'origen, la terra, la fertilitat, en canvi es troba en el terra, sota les fulles caigudes, sense pendre protagonisme... només la seva olor ens xiuxiueixa quan passejem pel bosc. El Mariano es mostra proper, amable, veus en la seva mirada l'atenció amb la que t'escolta. Espero que us agradi l'entrevista.

Entrevista a Mariano Bueno_Revista Namaste

Las utopías de hoy son las realidades de mañana

Por Alberto D. Fraile Oliver
Mariano Bueno
Mariano Bueno, experto en geobiología, bioconstrucción y agricultura ecológica. Es un hombre renancentista. Su sabiduría nace de su contacto con la Tierra. Su investigación ha seguido una interesante trayectoria, inició su andadura con la agricultura ecológica, después amplió su campo al estudio de cómo afectan las radiaciones a nuestra salud, convirtiéndose en un profundo conocedor de la geobiología y la bioconstrucción. En ambos campos ha sido pionero y gran divulgador, sus libros sobre estas materias son ya clásicos. Hay otra faceta en la que Mariano Bueno es también un gran conocedor y es el estudio de la conciencia. Si interés por las regresiones y las experiencias cercanas a la muerte dan a su trabajo una profundidad poco usual.
En su vida ha conseguido aunar teoría y práctica de una manera muy coherente ya que él sabe muy bien que lo que le está sucediendo al planeta tiene mucho que ver con nuestros actos cotidianos. Todo ello convierte a Mariano Bueno en una persona a quien merece la pena escuchar. 

Cada vez más gente reconoce que los árboles son un elemento muy necesario ¿Por qué son tan importantes los árboles para los humanos y el resto de la vida?
La vida es ante todo biodiversidad, es el conjunto de sinergias y de interdependencias entre todos los seres vivos que poblamos el planeta. Nadie es más importante que nadie; el árbol no es más importante que la hierba y el ser humano no es más importante que cualquier otro animal, sino que todos formamos parte de un conjunto del que dependemos todos y la colaboración mutua es la que permite que la vida perviva. Es cierto que el árbol juega un papel importantísimo en tanto que es una pieza que permite que la vida se genere. Debajo de los bosques, debajo de cualquier árbol, la materia orgánica que va cayendo en forma de hojas, o esa hierba que puede crecer porque no da tanto el sol, permite que se haga una capa de humus que a su vez crea mucha diversidad de insectos, de animales que van a vivir de esa materia en descomposición. El humus es suelo fértil.

Además, el árbol tiene la capacidad de absorber la energía del sol, almacenarla en moléculas de carbono. Sabemos que el árbol es un buen elemento para absorber el carbono atmosférico. El árbol utiliza este carbono para hacer la celulosa de su estructura, de sus ramas, de sus hojas, de sus frutos. En realidad lo que hace es coger las partículas de carbono y las utiliza como materia donde almacena la energía. O sea una rama de árbol, un trozo de leña que utilizamos para el fuego, es carbono atmosférico almacenado en forma de celulosa que cuando nosotros le prendemos fuego liberará esa energía en forma de radiación infrarroja, en forma de fotones de luz. Esa energía que ha absorbido del sol, la devuelve. Esa energía también se convierte en un fruto. Cuando comes una fruta, comes energía solar almacenada por el árbol. Vemos que el árbol es un eslabón importante en la transformación de energía que permite la propia vida, tanto en la forma directa de energía solar convertida en alimento o en fuente de calor, de luz, hasta este mismo carbono desintegrándose y aportando nutrientes a las plantas que crecen en el suelo, a los animales que viven allí. En todo el ciclo de la vida, el árbol juega un papel importante, además de sus facetas estéticas, limpiadoras. 

¿Qué quieres decir con faceta limpiadora?

Hay un estudio de longevidad en Japón, muy curioso, hecho con 4000 médicos residentes en Tokio. Se ha visto que personas que viven cerca de parques o de sitios dónde hay árboles tenían una media de vida de 5 años más que las que viven en zonas degradadas y sin purificación. El árbol purifica el aire y también crea un ambiente mucho más sano para nuestra propia vida. 

Cada vez más gente despierta a una conciencia más holística y respetuosa con la naturaleza. De momento este “despertar” sucede a nivel de individuos aislados ¿crees que a nivel de comunidades de millones de habitantes, seremos capaces de dar este salto?

Creo que no nos queda más remedio. En el fondo los seres humanos nos movemos por paradigmas o por estructuras de conciencia y lo que estamos viviendo hoy como realidad era la utopía de nuestros abuelos o de nuestros padres porque nuestros abuelos ni siquiera se podían imaginar que se podía vivir con el nivel de confort y de lujo que vivimos hoy. Paradójicamente nos quejamos continuamente pero no nos damos cuenta de que cualquier trabajador normal, de la construcción o de cualquier fábrica, vive mucho mejor que un rico de hace 100 años, hoy día. Incluso tiene coches mucho más potentes e instalaciones mucho más lujosas que un rico de hace 100 años. Estamos viviendo una realidad que hace 100 años era una utopía, pero lo que estamos viviendo es lo que estuvo en la mente de muchas personas. Ahora nos damos cuenta de que esta cantidad de hormigón por todas partes, y carreteras y edificios en la costa están degradando y destruyendo el entorno, pero eso es lo que en los años 60 era el objetivo, salir de la pobreza y la miseria, tener precisamente más carreteras, más hormigón, más “progreso”. Ahora de repente, ya hemos conseguido este objetivo, pero nos damos cuenta de que hemos ganado en cosas materiales y hemos perdido en calidad de vida y en salud a muchos niveles. Tenemos el problema de la alimentación de mala calidad, de contaminación del aire y de la degradación del medio ambiente en general. Eso nos lleva a preguntarnos qué es lo que de verdad queremos. Es cuando empezamos a crear otra utopía, a darnos cuenta de que nuestra vida sería mucho más saludable a nivel físico, emocional, de relaciones, a todos los niveles, si el entorno no estuviera tan degradado. Entonces decimos: ¿Qué podemos hacer? Y es allí cuando empiezan a surgir voces de todas partes diciendo que podemos hacer cosas: podemos plantar árboles, podemos hacer agricultura ecológica, podemos decir: “yo gasto mi dinero en comprar alimentos que han sido producidos de forma ecológica y no financio la destrucción del planeta comprando alimentos baratos pero de producción química”, etc… Al principio son 4 ó 5 personas pero al final se creará un campo morfogenético, como dice Rupert Sheldrake, que creará dentro de unos años una dinámica en espiral que abarcará a millones de personas. Entonces el cambio se dará. Ahora nos puede parecer casi utópico, pero las utopías de hoy están destinadas a ser la realidad de mañana. 

El paradigma emergente, más holistico e integral, ¿va a ser el paradigma alternativo al actual?

La sociedad y el sistema tienden a adaptarse continuamente a las necesidades y al patrón de lo que la propia sociedad pide o demanda. Yo últimamente estoy recordando mucho que a los 10 años un maestro que yo apreciaba mucho me regaló un librito, era el año 68, se titulaba “España progresa”. Mostraba todas las autopistas que se hacían, todas las fábricas que se montaban, las líneas de alta tensión, los hoteles en la costa, y eso era el símbolo donde todos nos sentíamos orgullosos de que España progresara. Hoy, mi hijo que tiene 10 años, en sus libros lee la importancia del respeto medioambiental, la ecología, el reciclaje; todo aquello que posiblemente cuando ellos lleguen al poder las cosas cambien.

Así como los políticos y los economistas que hoy dirigen la economía fueron educados en esta visión de “progreso hormigón”, las generaciones actuales se están educando con el objetivo del equilibrio medioambiental. Cuando ellos tengan el poder, está claro que irán en una dirección distinta a la de ahora. Primarán el respeto medioambiental y la calidad de vida entendida como integración correcta con el entorno sobre el simple progreso material. También habremos visto que el progreso material no nos lo ha dado todo, que hay un límite en el cual dices “ya tengo suficiente”, una vez tienes dos sofás y tienes dos coches y ya basta. Porque también quieres sentirte a gusto contigo mismo y tener gente con la que puedes compartir todo eso y tiempo para disfrutarlo. Nadie tiene tiempo. Para conseguir toda esta comodidad material hemos sacrificado el tiempo para nosotros, para la familia, para el entorno, para todo. De repente empezaremos a dar más valor al tiempo e iremos sacrificando tiempo que dedicábamos a producir, a ganar y a tener, para vivir de una forma más plena. 

¿Crees que cuando se manifieste esta utopía el ser humano podrá entrar en un estado de armonía?
La armonía es en el fondo el equilibrio de los polos positivo y negativo; en mi opinión el equilibrio es imposible. La vida es un positivo y negativo, un yin yang cambiándose continuamente; hay altos y bajos. Por lo tanto, ahora estamos en el fondo del péndulo, va a girar en el otro sentido, mantendrá un tiempo en el que parecerá que está equilibrado pero va a polarizarse para luego volver al opuesto. La vida es mutación y cambio, día y noche, luz y sombra, bien y mal, ésa es la gran escuela de la vida. Habrá cambios continuos porque es el cambio lo que permite la vida, la transformación.

Ésto lo vemos en la agricultura. Es lo que nos enseña el humus, que es la clave entre lo mineral y lo vivo. Ese carbono que han utilizado los árboles, las hojas, las plantas junto con la energía solar que se integra con los minerales y hace este complejo arcilloso único. Esta arcilla es un estado único porque ni es un ser vivo ni es mineral. Es un intermedio, y es el que nutre y permite que la vida se desarrolle. Pero de alguna forma, es muerte porque el humus viene de una planta o de un animal que ha muerto, de una lombriz o unas bacterias que han muerto. En la vida hay crisis constantes, hay reajustes constantes, ciertas ideas, ciertos conceptos y realidades mueren para nacer otras realidades, otros conceptos y otras posibilidades que van dando posibilidad a una nueva forma de expresión y de vida, de evolución.   

¿Cuál es el papel del ser humano dentro de la vida?

Podemos verlo desde muchas áreas. Podemos verlo como un ser más dentro de un gran ecosistema, que si sabe adaptarse pervivirá en el ecosistema o desaparecerá del ecosistema. Hay mucha gente que se siente superior, otros que se sienten inferiores. Cuando miras un ecosistema, ves que no hay seres más o menos importantes. Ves que es tan importante una lombriz que permite que la tierra sea fértil y que un árbol sea majestuoso, como el león que se come a la gacela, como la gacela que se come la hierba, como la hierba que permite que la gacela viva. O sea, no hay nadie más importante que nadie, sino que somos como células de un gran organismo. Por lo tanto, para mí el ser humano no es ni mejor ni peor, ni está más evolucionado ni menos que cualquier otro ser vivo. 

Pero el ser humano tiene un rasgo que le diferencia del resto: el nivel de conciencia. Y la conciencia suele implicar responsabilidad ¿Qué opinas?

La investigación de la conciencia es un área que siempre me ha apasionado, saber si la conciencia es una expresión simplemente del cerebro humano como elemento evolutivo o si es algo más. En mi trabajo personal, con las regresiones y con el estudio de la muerte, he llegado una conclusión muy similar a la que ha llegado el cardiólogo holandés Tim van Lommel, quien ha investigado el tema de las experiencias cercanas a la muerte, de gente que tiene muertes clínicas temporales. Su conclusión es: la conciencia pervive a la muerte del cuerpo físico. Y mi experiencia personal y el trabajo que yo hago con la gente me lleva a la misma conclusión. La conciencia es algo ajeno, separado del cuerpo físico. Utiliza al cuerpo como base de experimentación. La conciencia se une a un cuerpo físico y a través de éste aprende, evoluciona, progresa. Y cuando este cuerpo físico se desintegra, sea por edad o por accidente, esa conciencia va a procesar las experiencias vividas. Lo único que nos llevamos cuando nos morimos son esas experiencias vividas. Ni lo material, ni los logros personales, ni que te hayan aclamado, ni que hayas fracasado; cada experiencia vivida es un cúmulo de información y eso es lo único que nos llevaremos. Y con toda esta información tendremos la posibilidad de experimentar en otras formas de vida, en otros cuerpos, en otras dimensiones de la realidad donde seguiremos evolucionando con todas estas experiencias que vamos adquiriendo día a día. 

¿Tiene algún sentido preguntarse “para qué todo este montaje existencial”, “para qué estamos aquí”?

Es muy lógico preguntárselo. Somos seres humanos y buscamos respuestas, pero hay miles de respuestas. Cada filosofía, cada religión, cada cultura, cada experiencia personal da una respuesta diferente a este por qué. Yo si me preguntas a mí, te diría: yo observo un proceso. El porqué de este proceso todavía se me escapa. La frase que sintetiza más pero que es muy abstracta, y que cada uno puede interpretar como quiera es: Somos luz y vamos hacia la luz, una luz que en un momento determinado empieza a experimentar en dimensiones más densas.

Los físicos cuánticos nos dicen que todo es energía y solo un 0,005% de la energía se expresa como forma material, materia densa, átomos, planetas y galaxias. El resto es energía, o sea, luz. La luz blanca es una frecuencia. Cuando vemos un color estamos viendo una alteración de la luz blanca. Lo que eso me sugiere es que somos luz blanca que un día empezó a vibrar de un tono muy concreto, pasamos por todo el arco iris, por todo un cúmulo de experiencias o frecuencias diferentes de la energía, y un día conseguiremos fundirnos con todas las energías del universo y volver a ser luz blanca. Es una metáfora que cada uno puede interpretar como quiera. 

Tú trabajas con las manos. Eres un agricultor y un constructor, pero al mismo tiempo has estudiado intelectualmente varios temas. Unes teoría y práctica ¿Qué beneficios experimentas al juntar esas dos dimensiones?

Si hablamos de equilibrio y hablamos de plenitud, la realidad en la que vivimos es múltiple; tenemos un cuerpo físico, unas emociones, una mente y la conciencia. No me gusta hablar de alma o de espíritu, prefiero decir conciencia lúcida. Hay una conciencia racional, una conciencia emocional, una conciencia intelectual pero hay una conciencia lúcida que es la que experimenta a través de todas las demás, la que utiliza esa conciencia racional y este cuerpo físico para experimentar. Está experimentando en un cuerpo físico, por lo tanto tiene que haber una aceptación y una integración de la realidad física. Y esa realidad física necesita los alimentos para sobrevivir. Para mí, trabajar en las áreas del trabajo físico, del cuerpo, de producir tus alimentos y estar en contacto con la tierra, me hace ser consciente de mi realidad material. Pero al mismo tiempo, trabajo con la energía. Mi trabajo con las casas sanas, con la geobiología, me hace ser consciente de que en el fondo somos energía vibrante que se manifiesta en cuerpos físicos y elementos físicos. En el fondo, somos energía. El aglutinador de todo eso es una conciencia lúcida que permite que el cuerpo se mantenga coherente y como estructura física. De hecho, cuando uno tiene un disgusto o una emoción, el cuerpo se derrumba. Por muy físico y por muy bien alimentado que esté, si emocionalmente no integras bien la experiencia, ese cuerpo sufre. Y al mismo tiempo, somos energía, somos luz, por lo tanto tenemos que abrirnos a esa conciencia lúcida. Lo más importante es buscar el equilibrio entre todos esos elementos. Si uno desarrolla mucho su intelecto y su cuerpo se deteriora, ¿a dónde llega? A la enfermedad. Si uno desarrolla mucho sus emociones, tienes vivencias emocionales muy fuertes, pero no se alimenta bien o no es capaz de ganarse el sueldo cada mes que le permita vivir en la materia, también se deshace su estructura y sufre muchísimo. Si desarrollamos demasiado una de las áreas y las demás las dejamos de lado, hay sufrimiento y dolor. 

¿En el fondo sólo hay luz?

Lo que hay es una conciencia de luz manifestada en un cuerpo físico, con la que tenemos que hacer un trabajo de reconexión, descubrir el ser de luz que cada uno somos, y que se puede experimentar. Una de las fases que me ha llegado más es de José Luis Cabouli, uno de mis maestros con las regresiones. En uno de sus libros hace una regresión a una mujer y le dice: “ahora que has repasado tus vidas, ¿qué crees que has aprendido? ¿qué le pides a la vida?” Y ella contesta: “Lo único que quiero es que mi cuerpo y mi personalidad puedan reflejar el cuerpo de luz que soy”. 

En este momento que hemos cedido mucha responsabilidad de lo que nos pasa a otros, el reto de la autosuficiencia queda muy lejano. ¿Qué consejos puees dar a alguien que quiera recuperar un poco de la energía que le entrega al sistema?

El nivel de libertad personal depende de las cosas que eres capaz de hacer por ti mismo. Si no soy capaz de coger la cuchara y ponerme la comida en la boca, necesito que alguien coja la cuchara y me dé la comida. Eso lo entendemos y nos parece lógico. Pero no soy capaz de hacer la ropa con la que visto, ni el coche con el que circulo. Dependo de otros. En parte está bien, cuando una sociedad está integrada por muchos elementos, cada uno se especializa en algo. Pero también es cierto que en la medida en que yo voy relegando cosas que yo podría hacer o saber, y digo desde respirar hasta hacer ejercicio… Me sorprende que hoy en día hay hasta máquinas de hacer ejercicios, te tumbas y te mueven los brazos y las piernas… Somos incapaces de caminar o de ir en bicicleta, hemos perdido esa libertad. Eso llevado a otras escalas ocurre también en cuestiones políticas y sociales, relegamos mucho a los supuestos especialistas que tienen que saber más que nosotros. Admiro mucho a Leonardo da Vinci y su concepto de “Homus universalis”, el ser humano tiene que ser capaz de cocinar, fregar platos, hacer una obra de arte, fabricar una máquina, reparar un enchufe, cambiar las bujías de tu coche, etc. Aunque aparentemente no tienes necesidad, porque trabajas para ganar dinero para que un mecánico te arregle el coche, que otro te arregle el enchufe… pero tener la capacidad de manejar todos esos elementos que en cualquier circunstancia de la vida puedes necesitar, y no tener que buscar este especialista, te da mucha seguridad y una gran capacidad para enfrentarte a la vida. Aquellas personas que dependen de los demás porque ganan bastante dinero para pagar a los demás, en realidad están limitando sus capacidades de cara a relacionarse de una forma más completa con la realidad que nos rodea.